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POEMA 10

 Aprendí a respirar cuando tocabas los confines de mis lugares.

Dándole paso a sensaciones inexplicables.

Dejé la puerta abierta,
recibiendo el deseo como una cascada embravecida, que rompía el dique que equidistaba entre la cordura y la locura.

Se manifestó la revolución del ser,
y el suspiro enardeció avivando el delirio, siendo la antesala del gemido.

Y el tiempo se detuvo ahí...
en el momento que la fuente inagotable de tu ser, fluía por cada recoveco de mis rincones.

Nuestras miradas solapadas, se convirtieron en una armonía visual, y nuestros labios sostenían el anhelo del beso.

Atesorando el alma en nuestras manos entrelazadas.
Surcando un universo de estrellas fulguradas.
Viviendo el sentir de la pasión más absoluta.

Deseando y amando el deseo.
Si, tu y yo... amando el deseo.