El periodo de hojas marchitas terminó.
La seguridad barrió la hojarasca, que asolaba suspendida entre la incertidumbre y la inseguridad.
Nuevos vientos soplan, congelando la duda que merodeaba sin tregüa sobre el cielo de la razón.
Asoma el invierno,
donde el frío deja aterido los momentos desolados del corazón que abrumaron el sentimiento, y opacaron la firmeza dando vacío al sentido de mi camino.
Contemplaré desde la ventana de mi presente la evanescencia de un pasado reciente.
Y aunque no es tiempo de flores,
me siento primavera, floreciendo en mi el convencimiento, dando pasos sólidos sin titubeos ni lamentos.
Y la verdad del ahora alimenta la ilusión, dando vida a la esperanza.
Mi futuro tiene destino.
Una senda con luciérnagas va dando luz al trayecto.
Ya no siento la soledad.
La familia y la amistad son parte de mi realidad.
El amor tatuado prevalece,
su alma y su nombre al que late pertenece.
Familia, amistad y amor
tres pilares básicos para sostener la vida.
Para poder continuar... el resto de mis días
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