La tristeza del alma,
no se puede medir,no se puede describir.
Sólo se puede sentir.
Es como un vacío que deja desnudo el sentimiento.
Que deja inerte la palabra que describe la verdad del corazón.
Y toma vida el silencio,
que acto seguido se hace intérprete del abatimiento, y aliado de la soledad.
El reloj ya no marca las horas,
se quedaron atrapadas, en el eterno invierno que se hizo presente cuando perdí el rumbo del camino con destino a tenerte.
Y duele el andar.
mi voluntad no tiene autoridad.
Deambulo entre la fragilidad y las nubes de la bruma, que no me dejan disipar el norte con claridad.
Y a veces la razón llama a la puerta de la desolación, e intenta que la esperanza no sucumba a la desesperanza.
Tengo un Fénix custodiado por dos armas poderosas,
el valor y el amor.
Ellos habitan en mí,
recorren el interior de mis venas, dándole impulso al resurgir de mis cenizas, a encontrarme con mi yo.
Y así, parando para poder continuar,
mis alas batirán el vuelo,
surcando el cielo de la vida, sin desidia y sin miedo.
No se lo que está por venir,
pero si se que el mundo me espera, y el alma se necesita para existir.
Dormiré tan solo, cuando la ausencia del sueño no me deje vivir la ilusión.
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