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POEMA 21

 Silba el viento,

las hojas de los árboles caen en continuo movimiento.
Es tiempo de introspección.
Desnudando sus ramas acarician la melancolía, y se preparan para recibir de nuevo la vida.
Así se siente mi interior.
Soy nostalgia,
Soy fragilidad.
Soy suspiro,
Soy sensibilidad...
La desnudez no me abruma,
me siento en paz.
El yo se acondiciona,
va tejiendo la entretela del cambio
para recibir lo que ha de venir.
Un enigma por descubrir.
Una ilusión por vivir.
Un deseo por cumplir.
La expectación de la emoción...
En mí habita la esperanza,


Y el amor es el estandarte que hace de mi trayecto una realidad, sustentada en la verdad.
El corazón se siente vulnerable,
y el latido sostiene su sonido a cada paso del momento vivido.
El alma, la que no se ve,
pero que se muestra sin pudor cuándo se desabrocha entregándose sin temor.
A corazón abierto ya no se hace eco el silencio.
La tormenta, se convierte en una lluvia apacible que humedece mis sentidos, que engrandece el sentimiento.
Y parto de la premisa que el tiempo marca el ritmo de nuestra existencia.
Necesitamos ser otoño, y no recrearnos en lo que no se pudo cambiar.
Caminar y sentir en su máxima expresión.
Tan sólo... Vivir.